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Una "multitud inteligente" (smart mob) surge cuando un elevado número de personas coordinan sus acciones mediante el uso de Internet y móviles, sin conocerse. Es un fenómeno nuevo que, según el creador del concepto, está permitiendo nuevas formas de activismo político y social.
Howard Rheingold es uno de los referentes intelectuales imprescindibles de la cultura digital. Libros como 'Realidad Virtual', en el que predecía el auge de la era de la simulación electrónica, y el clásico ' La Comunidad Virtual', le han convertido en uno de los más influyentes estudiosos de los efectos sociales de la explosión tecnológica.
En 1999, Rheingold se fijó en los usos inesperados que empezaban a darse a las tecnologías móviles. En Tokio, acompañó a las pandillas de adolescentes que convergían en los espacios públicos coordinándose a través de SMS. Descubrió que las protestas antiglobalización de Seattle se organizaron con móviles y páginas web actualizadas constantemente, y que en 2000 un millón de manifestantes en Filipinas derrocaron al presidente Estrada en protestas convocadas también por SMS. Rheingold bautizó a estos fenómenos como “Multitudes Inteligentes” ('Smart Mobs').
La convergencia entre Internet y tecnología móvil posibilita que miles de individuos cooperen y actúen colectivamente y en tiempo real, con efectos imprevisibles. Tras los acontecimientos del 13 de marzo en Madrid y otros puntos de España, entender el funcionamiento del fenómeno de las 'multitudes inteligentes' es más relevante que nunca.
Una "multitud inteligente" (smart mob) surge cuando un elevado número de personas coordinan sus acciones mediante el uso de Internet y móviles, sin conocerse. Es un fenómeno nuevo que, según el creador del concepto, está permitiendo nuevas formas de activismo político y social.
De hecho, estas primeras manifestaciones, basadas en Internet y los teléfonos móviles, son todavía primitivas en comparación con lo que puede venir. Sistemas basados en los chips inalámbricos que almacenan los precios en los supermercados, mezclados con tecnologías como el WiFi y los teléfonos de tercera generación, permitirán coordinaciones más complejas, coreografías de masas mucho más difíciles. Los sistemas policiales de disolver manifestaciones están diseñados para masas "tontas" de gente; una manifestación capaz de pensar y reaccionar inteligentemente es casi imposible de enfrentar... pues carece de líderes, de un centro de coordinación o de una organización responsable. Es autoorganizada. Y, por tanto, temible.

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