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Debemos redefinir para manejar un ecosistema social de relaciones en red. Escuchar porque debemos "sentir" el medio en el que vivimos; enlazar es el mecanismo hipertextual, hipermediático por definición que nos permitirá "compartir" contenidos con el resto personas cuya influencia ponderamos sobre la base de las relaciones construidas en nuestras redes sociales.
¿Cóctel del momento o combinado ganador? Esa era la pregunta que motivaba en su momento mi intervención en las IIJAD 2.0, organizadas por fiap el pasado mes de junio en Madrid. Se trata ahora --como se trataba entonces-- de introducir cierta reflexión acerca de la Web 2.0, considerada como un estadio en el camino hacia una Web de Nueva Generación, terra incognitae, un no-lugar inacabado en el tiempo y siempre por venir.
Un desafío tal se puede abordar como un ejercicio necesariamente abreviado de ensayo sociotécnico. Podríamos comenzar planteando la emergencia de las llamadas "tecnologías" (de la) Web 2.0 como fruto de una convergencia contenido-tecnología, que no es en absoluto nueva, para, a continuación introducir en la "ecuación" el factor humano, mostrando las consecuencias de su consideración holística, como individuo --y por tanto parte de una sociedad- frente a la imagen fragmentaria del mismo que hasta ahora se viene adoptando en el discurso económico-empresarial todavía dominante en la Red.
Pero, dado que la la brevedad de los tiempos mediocres que vivimos nos apremia, lo que haré será poner de manifiesto algunos extremos relevantes de la convergencia como concepto específico, para luego hacer patente el desencuentro entre organización e individuo en esos términos, lo cual me llevará apenas a formular la propuesta que da título a esta píldora de superficlosofía (por superficial) de las infotecnologías.
Convergencia ¿Simple retórica?
La retórica de la convergencia lo impregna todo, y la Web 2.0, a medio camino entre una revolución social (en el uso de según qué tecnologías) y la rebelión de unos pocos (aficionados apasionados, freakes, para unos, ilustrados digitales, digerati, para otros) no iba a ser menos. Nos encontramos aquí con una peculiar convergencia entre contenido y tecnología ejemplarizada por la emergencia, sin ir más lejos, de los blogs como fenómeno de mayor visibilidad en la Red. ¿Constituye el blog un formato de publicación web, una herramienta (de la) Web 2.0 quizás? ¿Es contenido o/y/antes que tecnología?
Tradicionalmente se ha hablado de la convergencia de las telecomunicaciones y la informática en lo que se conocería desde finales de los años 1970 como telemática, uno de los motores de la "revolución digital". También se auguraba hace más de una década la futura convergencia de telemática y los media, dando lugar a "algo" que unos cuantos analistas quisieron bautizar como "mediática", una suerte de híbrido de contenido y tecnología.
Otra convergencia interesante a la hora de reflexionar sobre este estadio en la evolución de la Red es la que se produce entre los entornos profesional y personal en lo que se refiere equipamiento infotecnológico. Una convergencia directamente relacionada con La manera en que se define el binomio humano-máquina en términos del desequilibrio entre aquellos dos entornos antaño perfectamente separables y distinguibles por los elementos técnicos que en ellos se daban cita. Hemos pasado de una clarísima influencia neta del ámbito profesional en el personal, que culminaba con el amplio desarrollo de las soluciones ofimáticas y de productividad personal hace casi un par de décadas, a una situación en que parece ser el ámbito personal, de los servicios de comunicación, mensajería, edición y publicación, el que empuja la adopción en el ámbito profesional (empresarial) de nuevas tecnologías que los soporten. Un cambio que ilustraba muy bien a principios de siglo la explosión de la mensajería instantánea corporativa (Enterprise Instant Messaging, EIM).
Infotecnología compleja para una realidad compleja
Grosso modo, la característica más propia de esta "Web Social", al menos desde el punto de vista de la percepción manifestada por el usuario, es la facilidad de uso. Una facilidad relativa manifiestamente mayor para editar, publicar y compartir contenidos en la Red. Contenidos , en principio, multimedia. Una facilidad proporcionada por multitud de servicios, herramientas y plataformas, como por ejemplo los gestores de contenido (Content Management Systems, CMS) que sirven de soporte a los servicios de publicación de blogs.
Unas plataformas, herramientas y aplicaciones que soportan lo que popularmente se ha dado en conocer como contenido generado por el usuario (User Generated Content, UGC). Ocurre sin embargo que esta consecuencia esperada de aquella eventual facilidad de uso, no deja de ser, en cierto sentido, pura potencialidad en un sistema sociotécnico complejo que se apoya en una estructura reticular. Una circunstancia que nos lleva a observar distribuciones de nodos productores y consumidores de contenido propias de lo que se conoce como un "mundo pequeño" y caracterizadas habitualmente por lo que popularmente se conoce como "la larga cola" --o distribuciones en ley de potencias, en términos un poco más precisos.
Ocurre, por tanto, que la naturaleza compleja de esa infoestructura reticular que trasciende lo que en realidad es la Internet , está dando lugar a una dinámica aparentemente simplificada de cara a un usuario final que, en absoluto, se extiende a la generalidad de los internautas. No debemos engañarnos; el internauta medio sólo existe en las estadísticas y es un concepto útil sólo en ese ámbito analÌtico.
Es importante darse cuenta de que la aparente simplificación de la Web Social no es sino eso, apariencia simplificadora de una realidad más compleja. Eso significa que, desde el punto de vista de la gestión, no tendremos más remedio que buscar métricas e instrumentos de "control" a la altura de las circunstancias, es decir que, en términos de lo podrÌamos de alguna forma identificar con "la variedad requerida" --criterio cibernético de control- necesitamos introducir mayor complejidad.
Ese argumento sistémico de perogrullo sirve para justificar un sin número de fracasos organizativos que, por desgracia se seguirán produciendo, sin aportar, por otro lado, elemento nuevo alguno al aprendizaje organizativo. De la misma forma que a principios de siglo, la creencia de que la tecnología constituía, por sí misma, un modelo de negocio, hoy, se sigue cayendo exactamente en el mismo error cuando se despliega lo que se conoce como una "tecnología (Web) 2.0" en la organización. Es decir, por poner un ejemplo ilustrativo, y sin querer trivializar el problema, mientras el mejor sistema de gestión del conocimiento sigue siendo la máquina de café, no dejan de repetirse intentos de despliegue de complejísimos --y costosos- sistemas de información para la gestión del conocimiento en entornos en los que las personas son incapaces de compartir información con sus semejantes en los pasillos.
La realidad industrialista de una sociedad postindustrial
La empresa en particular; la organización en general, no deja de ser un sistema sociotécnico complejo. El factor humano debe considerarse en consecuencia, no tanto como ingrediente secreto, sino como elemento indispensable en cualquier combinación ganadora que se quiera proponer. Un wiki no motivará a un equipo de proyecto para contribuir en la documentación del mismo, ni un blog servirá para agilizar la comunicación entre los miembros de tal equipo si su dinámica se apoya en el tradicional trasiego de documentos adjuntos y listas de correo electrónico; sin embargo, si bien la tecnología que soporta esos "artefactos" no es buena ni mala, tampoco es neutral --tal como nos recordaba Kranzberg- sólo "multivalente".
La herencia de una era industrial que se niega a desaparecer de nuestras organizaciones empresariales e instituciones socio-económicas, insiste en considerar la existencia de usuarios, clientes, incluso ciudadan@s en tanto que votantes, evitando implícitamente la complejidad de las personas, del individuo como parte de una sociedad por definición. Es esa una consecuencia de la emergencia de una verdadera Web Social que no hemos siquiera comenzado a explorar; es decir, la posibilidad de plantear la interacción con el individuo como elemento integrante de una sociedad Red en la que también se pueden integrar, con la misma naturalidad las máquinas (servicios, aplicaciones, plataformas, herramientas...)
Parece que diseñar la interacción con el usuario, la transacción económica con el consumidor, la relación comercial con el cliente son actividades necesarias que, hoy, se muestran claramente insuficientes. Todos esos enfoques, fundamentados, como de hecho están, en la concepción lineal, industrialista, de la cadena de valor no son susceptibles de ser utilizados con ciertas garantÌas de sostenibilidad en la gestión del cambio a que se enfrenta la organización empresarial hoy.
La retórica empresarial no entiende de filosofía cuando llega el final del periodo fiscal y hay que rendir cuentas ante las partes interesadas, comenzando --y terminando- por los accionistas. Este hecho, entre otros, nos lleva a que los instrumentos contables y financieros --como el ROI o el TCO- impongan su lógica a la hora de la toma de decisiones en lo que se refiere a la estrategia tecnológica. Así las cosas, no es de extrañar que oportunidades, como puede ser el surgimiento de la llamada Web 2.0, acaben perdiéndose en un sistema de gestión industrial creado para justificar las propias métricas que lo caracterizan.
Una propuesta superfilosófica
¿Cuánto tiempo vamos a poder sostener ese tipo de criterios en un escenario como el actual? La plataforma tecnológica integrada no constituye una ventaja, sino más bien una barrera cuando debemos enfrentarnos a la realidad de la Web 2.0, construida sobre la composición de aplicaciones (mashups) y la adición de funcionalidades externas mediante un ecosistema de 'coopetidores' capaces de "enganchar" sus servicios en lo que se asemeja más al viejo bus de aplicaciones (y/o servicios) que a la plataforma monolítica tradicional que seguimos encontrando en la mayoría de sectores industriales. En cierto sentido, podemos encontrar ejemplos de ese tipo de plataformas "abiertas" en el QEDWiki de IBM como simple infraestructura, en Facebook con su plataforma, que tanto ha dado que hablar, o en Amazon Web Services.
Si queremos realmente apalancar las posibilidades, la potencialidad sociotécnica, de la Web Social , tendremos que aceptar la interacción CTS (Contenido - Tecnología - Sociedad) con una dinámica clara de convergencia e influencia mútua. Eso significa adoptar un enfoque sistémico que, por más que se ha venido predicando en la literatura económico-empresarial desde hace varias décadas, no parece haberse consolidado suficientemente.
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videntemente ese "modelo" oculta en su concepción holística la consideración del individuo como parte integrante de un grupo o una organización, antes que como elemento constituyente de una sociedad; un matiz conceptual que no afecta sus pretensiones de generalidad metodológica.
Existen numerosos modelos para la integración efectiva de esa sistémica organizativa en nuestras empresas. El enfoque, intencionadamente simplificado que se ha adoptado para desarrollar estos breves párrafos ha querido sacar partido de la propia superficialidad de un fenómeno efímero, tal como es la emergencia de la Web 2.0, para proponer una dinámica progresiva de aproximación a la naturaleza cambiante de la Red que se supone soporta tal fenómeno.
Apenas formulada como "Escuchar, enlazar, compartir... , ¿Influir?" el objetivo de la propuesta es incidir en la naturaleza reticular e hipertextual de un medio que acaba cuestionando unas métricas que, tradicionalmente asociadas a unos canales asimétricos perfectamente definidos, debemos redefinir para manejar un ecosistema social de relaciones en red. Escuchar porque debemos "sentir" el medio en el que vivimos; enlazar es el mecanismo hipertextual, hipermediático por definición que nos permitirá "compartir" contenidos con el resto personas cuya influencia ponderamos sobre la base de las relaciones construidas en nuestras redes sociales.
Queda pendiente una validación preliminar de esta herramienta intelectual para el cambio que, desde mi punto de vista, no puede hacerse de otra forma que desde la acción participativa que motiva la existencia de este foro.
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