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¿Qué es y qué orientación debe tener la expansión de la Sociedad de la Información? ¿Cuáles pudieran ser las mejores prácticas para garantizar el uso ecológico de las tecnologías de consumo?, ¿Cómo prevenir el cada vez más importante problema de la chatarra tecnológica?
Durante estas fechas (Navidades, Reyes, Rebajas…), tan propicias para el consumismo compulsivo, también las empresas distribuidoras de medios infotecnológicos han echado el resto desplegando una agresiva campaña mediática para convencernos –si no lo estamos ya- de la ineludible conveniencia de desechar de inmediato nuestros ‘viejos' equipos (ordenadores, impresoras, consolas, televisiones, teléfonos móviles, cámaras fotográficas, etc.) y sustituirlos por ‘lo último de lo último', lo que, naturalmente, siempre será lo que cada una de ellas nos quiere vender.
La cuestión no tiene mayor relevancia si nos atenemos a los procedimientos publicitarios habituales en éste y otros sectores: presión despiadada sobre los consumidores, enmascaramiento de las debilidades del producto, ruido mediático, creación de un ambiente de falsa urgencia, etc., todo con el fin de generarnos necesidades , en su mayoría son totalmente prescindibles.
Ocurre, sin embargo, que los productos pasan cada vez más rápidamente, pero los mensajes quedan y estos, mediante un proceso de acumulación, refuerzan un imaginario colectivo que cada vez toma más cuerpo en las sociedades opulentas: la especie de que el consumo compulsivo, en este caso, de las tecnologías, solventa las ansiedades de los ciudadanos y es capaz de saciar sus aspiraciones vitales más íntimas: la libertad plena, la comunicación sin trabas, la pertenencia a un selecto club de privilegiados.
La publicidad proyecta una imagen idílica de la Sociedad de la Información que poco o nada tiene que ver con la realidad universal del mundo de las comunicaciones y mucho menos con la verdadera Sociedad del Conocimiento.
Ecologistas en Acción ha publicado un interesante estudio sobre el “Currículo antiecológico oculto en los libros de texto”, señalando las mentiras y errores, las distorsiones y las ocultaciones que se agazapan en los libros que estudian nuestros alumnos, concluyendo que es de todo punto necesario “cambiar las gafas para ver el mundo” y emprender una verdadera educación para la sostenibilidad.
No estaría demás aplicar esa misma metodología de estudio a la publicidad y a los libros de texto relacionados con la Sociedad de la Información y el Conocimiento, poniendo especial énfasis en la clarificación de conceptos (qué es y qué orientación debe tener la expansión de la SI, cuáles pudieran ser las mejores prácticas para garantizar el uso ecológico de las tecnologías de consumo, cómo prevenir el cada vez más importante problema de la chatarra tecnológica, etc.).
Se trata de aspectos fundamentales que afectan a la sostenibilidad del proyecto de la Sociedad de la Información que la visión puramente económica y consumista de la tecnología, cuyo baluarte más importante es la publicidad, ignora e incluso desprecia.
Frente a esto, es preciso insistir en la urgente necesidad de potenciar una verdadera alfabetización digital para dotarnos de elementos suficientes de autocontrol de forma que, por encima de las presiones mediáticas, los consumidores garanticemos que el desarrollo tecnológico esté siempre al servicio de la sociedad y propicie una expansión solidaria y transformadora.
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