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La Sociedad Global de la Información está en marcha, y, como dice Tomas H. Huxley, “ los hechos no dejan de existir sólo porque sean ignorados”
Nadie medianamente informado puede dudar de que existen motivos más que suficientes para considerar que la revolución Informacional superará en impacto y trascendencia —y, desde luego, en velocidad— a la ya casi periclitada revolución Industrial de finales del XIX. Conviene recordar, no obstante, que esta nueva revolución informacional (informacionalismo) es —por encima de cualquier otra circunstancia— una apuesta neoliberal para superar la crisis industrial (industrialismo) y revisar el Estado de Bienestar.
Por eso, esta nueva sociedad, que apunta directamente a la línea de flotación de las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales se está gestando y desarrollando casi al arbitrio exclusivo de los intereses económicos más influyentes, sin que, por ahora, las organizaciones políticas y sociales progresistas tradicionales hayan sido capaces de articular un discurso crítico alternativo. Éste, si acaso, empieza más bien a vislumbrase a través de los nuevos movimientos sociales globales y comunidades posnacionales.
La Sociedad Global de la Información que emerge como consecuencia de la aplicación masiva y acelerada de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y el desarrollo de Internet se caracteriza, entre otras cosas, por lo siguiente:
- Está determinando no sólo ciertos cambios formales de las empresas globales (centralización/descentralización, tamaño, localización, etc. ), sino también nuevas estrategias empresariales ( alianzas, segregaciones, outsourcing , etc. ) que modifican radicalmente las estructuras de producción.
- Afecta no sólo a la forma de producir ( al cómo y al dónde ) sino, también a los contenidos ( al qué se produce ), haciendo de la información la materia prima del intercambio comercial y cultural
- Está resituando nuevamente el máximo control de los medios de información y de producción en unas pocas manos ?más allá del denominado ‘ movimiento 2.0'—, al tiempo que amplía aún más el margen de decisión unilateral que ya de por sí tienen los poseedores y gestores de estas empresas globales.
- Propicia nuevos sistemas de comercialización que desbordan los circuitos habituales e irrumpen directamente en los hogares, modificando drásticamente los hábitos de consumo... y de opinión ( no se olvide que, en muchos casos, la materia prima principal en venta es la información).
- Afecta al empleo en su más amplia acepción: cantidad, calidad, localización, cualificación, estabilidad, temporalidad, etc.
- Cuestiona profundamente los esquemas tradicionales de lucha y acción política y social, y plantea retos de la máxima envergadura para la conquista de nuevos derechos humanos, cohesión social y nuevos procesos de democratización de los pueblos en un mundo globalizado.
Es obvio, por tanto, que si esta nueva forma de sociedad sigue avanzando con una perspectiva exclusivamente tecnocrática, economicista y supeditada sólo a las reglas del mercado, el riesgo de profundizar en los desequilibrios económicos, en las asimetrías territoriales y en la dualización social y laboral (brecha social y digital) se incrementará enormemente.
Es preciso, pues, otro tipo de discurso y acción más social, más interaccionado, que relacione los procesos y las nuevas posibilidades tecnológicas con objetivos socialmente progresistas, de forma que finalmente tengamos una Sociedad de la Información y unas tecnologías para las personas y no las personas al servicio de las tecnologías.
La Sociedad de la Información se está construyendo
--global y localmente-- y, sin embargo, todavía hoy no todos los sectores, regiones, colectivos, grupos sociales y ciudadanía en general que conforman la sociedad española son conscientes de esta circunstancia.
De hecho, la indiferencia y la desconfianza hacia la Sociedad de la Información siguen siendo dos constantes de la sociedad española y, lo que es más preocupante, del mundo empresarial, particularmente de la pequeña y mediana empresa. En este sentido, España no tiene un problema de infraestructuras, sino de carencia de una auténtica estrategia y acción de alfabetización y educación digital . Este es el punto clave que las administraciones públicas y los agentes económicos y sociales debieran afrontar con competencia y sentido de Estado.
Las consecuencias sociales, económicas, políticas y culturales que esa nueva forma de sociedad comportan dependerán, sin ningún género de dudas, de cómo cada uno de ellos sean capaces de involucrarse en este profundo proceso de transformación y cambio.
Se trata de hacer un esfuerzo para situarnos como auténticos ciudadanos y ciudadanas en el proceso de construcción de esta nueva forma de sociedad y no como simples espectadores de la misma. De situarnos en la lógica del diseño y no de las consecuencias para convertirnos en verdaderos protagonistas y parte activa de nuestro porvenir.
fiap, 29 de Octubre 2007 -------------------------------------------
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