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>Cambio Tecnológico y Participación Social
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A1: La tecnología como preocupación social

 

Las innovaciones tecnológicas dominan nuestro entorno laboral y social y hasta nuestros ámbitos más domésticos. Ellas son la fuente de muchas de las crecientes facilidades de que disfrutamos y también la causa más próxima y visible de no pocos problemas.

La apuesta por un desarrollo sostenible descansa en buena medida en la necesidad de utilizar adecuada y proporcionalmente la capacidad tecnológica actual. Pero el hombre moderno, aunque utiliza y consume tecnología constantemente y cada vez se ve más obligado a familiarizarse con ella, no acaba de fiarse del todo. Razones no le faltan.

Desgraciadamente, la implantación tecnológica no siempre responde a razones objetivas ni a intereses colectivos debidamente consensuados.

El informe de la OCDE "Technology at Trial" (la tecnología a prueba) del año 1979 ya citaba varios factores que se debieran tener en cuenta a la hora de analizar los cambios tecnológicos y que bien pudieran servir de catalizadores para determinar la conveniencia y las prioridades de su implantación.

Rapidez. La velocidad de los cambios es una de las principales fuentes de incertidumbre e inseguridad laboral e, incluso, social, y el principal elemento que dificulta su adecuada comprensión. La celeridad de los cambios puede provocar rechazos viscerales ante cualquier innovación o, por el contrario, propiciar actitudes de supeditación fatalista ante la implantación o el desarrollo tecnológico.

Novedad. En demasiadas ocasiones, no es posible prever los efectos nocivos de las innovaciones con suficiente anticipación o, simplemente, sólo se toma conciencia de ellos cuando estallan con toda virulencia. La ausencia de prevención se alía con la falta de experiencia para resolver los nuevos problemas eficazmente, lo que puede acentuar la irreversibilidad de algunos de sus efectos más negativos.

Por otro lado, el aumento en la escala de complejidad e interdependencia global de muchos de los proyectos tecnológicos, de los que se calcula su dimensión científica inmediata pero se desconoce la verdadera magnitud de su impacto social o laboral, dificulta los posicionamientos políticos unívocos sobre los mismos y, en consecuencia, su control social.

Otros muchos proyectos y desarrollos científicos y tecnológicos generan serias preocupaciones éticas o remueven valores personales y sociales profundamente arraigados, lo que puede dar origen a una desestructuración psico-moral o social importante, sobre todo si, como suele ser el caso, no se plantean en este campo alternativas adecuadas.

Por último, la OCDE advierte que la opinión pública tiene una especial sensibilidad ante los problemas relacionados con la seguridad física de las personas y los riesgos de todo tipo que los cambios tecnológicos pueden generar, sean éstos reales o imaginarios.

Por nuestra parte, dentro de este último capítulo podríamos añadir con particular énfasis, el riesgo ecológico. Como es sabido, el cambio tecnológico, en la medida que se asienta en la ilusoria hipótesis del crecimiento sin límites, no suele ser muy respetuoso con esta importante variable. El propio Consejo del Club de Roma ya es consciente de que "en el presente existen cuatro preocupantes casos de macrocontaminación: la difusión de sustancias tóxicas en el medio ambiente, la acidificación de lagos y la destrucción de bosques, la macrocontaminación en la atmósfera superior causada por CFC (clorofluorhidrocarbonos) y el llamado efecto invernadero"(1).

Advertir de los riesgos de un modelo de desarrollo determinado no debe confundirse con una actitud negativista o desesperanzada respecto de la evolución tecnológica en general. A estas alturas, nadie puede discutir que el progreso tecnológico es el factor dominante en nuestra sociedad y que su desarrollo ha supuesto incuestionables mejoras.

Pero, también sabemos que la tecnología, por sí misma, no soluciona todos los problemas. La tecnología es una herramienta y como tal debe ser usada. Es decir, con estricta supeditación a los objetivos más elevados que, obvio es decirlo, no debieran ser otros que la libertad y el desarrollo de los individuos y de los pueblos.

Por eso mismo, huyendo tanto de las posiciones tremendistas como de los entusiasmos infundados (actitudes apocalípticas o integradas, en memorable expresión de Umberto Eco) y rechazando igualmente cualquier dogmatismo fundamentalista en uno u otro sentido, es urgente potenciar ámbitos multidisciplinares de reflexión sobre el fenómeno tecnológico, concediendo, en cualquier caso, una preeminencia más que singular a la vertiente social del mismo y al establecimiento de un catálogo especifico de prioridades sociales a la hora de determinar el diseño, la implantación o el desarrollo de cualquier tecnología.

La propuesta de fiap de establecer un modelo de evaluación social de los cambios tecnológicos que sea eficaz, exhaustivo y participativo pretende contribuir a este debate.

(1) Informe del Consejo al Club de Roma " La primera revolución mundial"

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© fiap , 2004.
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