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>Cambio Tecnológico y Participación Social
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A5: Necesidad de controlar el cambio tecnológico

 

" Es mejor hacer pocas cosas bien que muchas cosas mal "

Memor pensum libertatis (1)
(tarea digna de la libertad)

¿Una tarea imposible? Se trata de romper el paradigma utilitarista típico de neoliberalismo y del pensamiento único y, frente a ellos, retomar la vieja y entrañable bandera del humanismo progresista. Una tarea que, indudablemente, merece todos los esfuerzos.


La preocupación por la gobernabilidad social del cambio tecnológico surge en paralelo con el propio desarrollo de las innovaciones.

Los propósitos de establecer foros de control social de las nuevas tecnologías no son nuevos. Una de las primeras y más importantes experiencias surgió en EE.UU. a través de la Oficina de Evaluación Tecnológica (OTA).

A pesar de que muchas de sus iniciativas no consiguieron satisfacer las expectativas iniciales (2), a través de la OTA se pudieron sistematizar metodologías y disciplinas universitarias específicas y se acumularon interesantes experiencias y una gran bibliografía. También, se impulsaron espacios de consenso social en todo lo que a la renovación tecnológica se refiere y quedó muy clara la necesidad de establecer un modelo de evaluación social del cambio tecnológico.

A favor de un modelo de evaluación social del cambio tecnológico

El establecimiento de un consenso general y la implicación activa de toda la sociedad y sus estamentos (políticos, laborales, intelectuales, sociales, etc.) se antoja como el pilar básico para que la evaluación social del cambio tecnológico (EST) se establezca de manera permanente y estable, por encima de coyunturas políticas o de otra índole.

Pero es obvio que la expansión del liberalismo político y economicista, el imperio del consumismo intrascendente y el auge del individualismo no constituyen el mejor marco posible para la implantación de acuerdos de este tipo. De ahí la importancia de introducir este debate en todos los ámbitos posibles de acción social.

En el plano político todas las organizaciones y movimientos progresistas debieran incorporar entre sus prioridades el trabajo en este campo, exigiendo, como primera medida, que cualquier proyecto tecnológico avalado o financiado con recursos públicos cuente con un informe multidisciplinar positivo sobre su impacto social.

En el seno de la comunidad científica, universitaria e industrial, donde los modelos de evaluación tecnológica usuales se ciñen a una simple perspectiva tecno-económica sobre la eficiencia del proyecto o, como mucho, se limitan a considerar ciertos impactos negativos del mismo, sería preciso restablecer la "lógica del diseño", es decir, aquella que se implica íntimamente con el proyecto de cambio desde el mismo momento en que éste es concebido.

La lógica que no sólo considera las consecuencias y trata de corregirlas a posteriori, sino que sirve para avalar, o no, la propia justificación del proyecto y condiciona su desarrollo en función no sólo de sus connotaciones económicas sino de su necesidad social.

Se trata, por lo tanto, de elevar a categoría de dato primordial y previo la investigación de la necesidad y las consecuencias sociales de cualquier innovación tecnológica.

En el plano laboral que es el que de forma más inmediata y dramática suele sufrir las repercusiones de los cambios tecnológicos, la EST debiera constituir una prioridad inexcusable de la interlocución sindical con las gerencias empresariales y un campo permanente de información y debate entre los trabajadores.

También las organizaciones sindicales tendrían que trasladar la acción sindical desde la lógica de las consecuencias en la que habitualmente están situadas a la lógica del diseño, lo que, ciertamente, puede significar un cambio de estrategia importante. Supondría, nada más y nada menos, dejar de ser notarios ilustrados de ‘pérdidas inevitables’ y magras ganancias coyunturales para convertirse en gestores profesionales (no necesariamente profesionalizados) de intereses de clase.

Significaría pasar de la impotencia a la acción, de la contestación abocada al simple testimonialismo a la codeterminación. En definitiva, dejar de ser espectadores de los cambios y constituirse en protagonistas activos del progreso.

En el plano social, la información exhaustiva y la autocontención consumista serían los elementos más eficaces para romper la coartada de las producciones tecnológicas meramente oportunistas y socialmente contraproducentes.

¿Una tarea imposible? Se trata, simplemente, de romper el paradigma utilitarista típico del neoliberalismo y del pensamiento único y frente a ellos retomar la vieja y entrañable bandera del humanismo progresista. Una tarea que, indudablemente, merece todos los esfuerzos.

(1) Expresión de la Roma clásica, ante tareas o empresas particularmente laboriosas y difíciles. (volver)
(2) Castilla, A. Evaluación de la tecnología en países con un nivel medio de industrialización. Telos, N. 12. (volver)

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