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>Cambio Tecnológico y Participación Social
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ED: Se pueden controlar socialmente los cambios tecnológicos

 

Un alto para recobrar la cordura...

"El desarrollo significa que algo va hacia  adelante, pero me doy cuenta de que el desarrollo existe para algún país y para algunas clases. Si tuviera poder, detendría el desarrollo de lo que ya está desarrollado para acercar a ese punto de desarrollo a los que en nuestro propio país siguen subdesarrollados".


José Saramago (1977).

La capacidad reflexiva ante los hechos cotidianos relacionados con su propia supervivencia y bienestar ha sido la constante que le ha permitido al hombre evolucionar, descubrir nuevas formas de vivir y de trabajar y desarrollarse personal y socialmente.

Secularmente, la reflexión - sobre todo la de los individuos intelectualmente más activos - ha precedido a la evolución. Sin embargo, en las últimas décadas y, particularmente, en los últimos años, la cantidad y rapidez de los cambios tecnológicos ha sido tal, que bien pudiera decirse que el proceso se ha invertido, de forma que la reflexión (cuando existe) va siempre a la zaga de las innovaciones o, lo que es peor, que ya no es el hombre el que domina los cambios sino que son éstos los que le dominan a él.

Por otro lado, como cada innovación es a su vez fuente de otras inmediatas e innumerables mutaciones, la distancia entre el pensamiento reflexivo y los fenómenos tecnológicos que condicionan nuestra existencia de hombres modernos parece aumentar dentro de una espiral vertiginosa que se desarrolla exponencialmente.

La rapidez vertiginosa con la que unas innovaciones se suceden a otras aumenta la percepción de que éstas se generan autónomamente, con total independencia de las decisiones de las personas y por completo ayunas del más mínimo control social.

De esta inasibilidad comprensiva respecto de los cambios tecnológicos y de la incertidumbre que se deriva de la enorme ambivalencia de sus aplicaciones, surge en el homo digitalis de finales del milenio una particular desazón existencial y no pocas preocupaciones sociales.

Parece, en definitiva, que, en los albores del siglo XXI, cuando por fin se estaba consiguiendo romper innumerables atadura míticas, el hombre es menos dueño de la historia y menos protagonista de su propia evolución que nunca y que el pensamiento, constreñido durante siglos a figura ancilar de la teología, se ve nuevamente reducido al papel de un simple siervo, esta vez de la tecnología.

Conviene, no obstante, romper este nuevo mito tecnodeterminista , tan caro a los urdidores del pensamiento único y que tantos y tan buenos rendimientos está produciendo para los defensores de lo políticamente correcto en términos de resignación individual y lobotomía social ( 1 ).

Porque, desde luego, nada más lejos de la realidad que un supuesto orden tecnológico autónomo, superior e inexorable: "la elección de una tecnología determinada, de un sistema de producción o de un tipo de producto frente a otras posibles alternativas, está necesariamente basada en un esquema de valores y de prioridades" (2).

¿Qué valores dominantes son ésos? ¿Existe alguna posibilidad democrática y social de reconducirlos? ¿Quiénes detentan la capacidad de establecer esas prioridades? ¿Qué podemos hacer?

Nuestra propuesta de un modelo de evaluación social de los cambios tecnológicos pretende contribuir a un debate que cada vez es más urgente e inaplazable: ¿cómo afrontar los cambios tecnológicos que tanto y tan radicalmente condicionan nuestra vida y nuestro mundo? ¿Cómo conseguir un adecuado control social sobre los mismos de forma que sirvan para superar las diferencias y no para aumentar la dualidad económica y social de los pueblos ?.

fiap os anima a debatir sobre ello y espera vuestras aportaciones. Si entre todos encontramos el rumbo adecuado, tal vez los vientos nos sean favorables.

Un cibernético y, sobre todo, cordial saludo.


(1) Pérez-Jiménez, J.C. (1996) Imago Mundi. Fundesco
(2) David y Ruth Elliot (...) El control popular de la tecnología. Tecnología y Sociedad

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© fiap , 2004.
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