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“ Para gobernar la complejidad y evitar que nos anule, la única alternativa inteligente es fomentar la educación. Educarse es más que obtener información o que instruirse en el manejo de herramientas tecnológicas. Educar en la tolerancia y para la complejidad es imprescindible, porque, el futuro o es plural, multifocal, multirracial, diverso y heterogéneo o, simplemente, no existirá ”.
(Libro Blanco de fiap)
El concepto.
En el mundo académico existe un antiguo debate sobre qué es y en qué debe consistir la “Alfabetización Digital”. No existe un claro acuerdo sobre cómo debiéramos llamar al proceso de acercamiento de los ciudadanos a las tecnologías de la información y el conocimiento: Alfabetización… digital, informacional, computacional, tecnológica [1], electrónica , etc., son algunos de los términos que se barajan y cada autor introduce matices característicos para diferenciar unos de otros (ver Ruíz Dávila, Bawden, y otros).
Nosotros, en fiap , con el fin de eludir esa discusión académica y en aras de la sencillez, utilizamos en este trabajo la acepción “alfabetización digital” en su sentido más amplio. Es decir, por “alfabetización” entendemos un proceso continuo que va más allá de la simple adquisición de la capacidad para leer y escribir, comprender elementalmente un concepto o manejar rudimentariamente un instrumento. Por “digital”, aunque con claro abuso semántico, entendemos todas las manifestaciones culturales y sociales que se originan, apoyan o transmiten con el recurso de las tecnologías de la información y el conocimiento.
Tenemos, por tanto, que “Alfabetización Digital” podría ser el proceso de adquisición de los conocimientos necesarios para conocer y utilizar adecuadamente las infotecnologías y poder responder críticamente a los estímulos y exigencias de un entorno informacional cada vez más complejo, con variedad y multiplicidad de fuentes, medios de comunicación y servicios.
En definitiva, estar “alfabetizado digitalmente” sería poseer la capacitación imprescindible para sobrevivir en la Sociedad de la Información y poder actuar críticamente sobre ella. Se trata de atender a los fines últimos de la educación como herramienta de transformación social. [2]
Por todo ello, apostamos por un modelo de alfabetización digital multidimensional, activo y dinámico, con un trasfondo ético-político fundamental, que va mucho más allá de la simple adquisición de destrezas para utilizar el ordenador o acceder a la Red y que, por lo tanto, trasciende ampliamente el campo de la informática. Un concepto que requiere habilidades y conocimientos, pero también concienciación y actitudes críticas.
Qué comprende la Alfabetización Digital.
La Sociedad de la Información no se caracteriza exclusivamente por la extraordinaria necesidad e importancia que han adquirido los ordenadores e Internet.
En las sociedades globalizadas y altamente tecnologizadas, la información fluye también por otros muchos canales, algunos de los cuales tienen hoy por hoy mucha más importancia cualitativa y cuantitativa –-en lo que al trasiego de información y nuevos servicios se refiere-- que los propios ordenadores e Internet: tal es el caso, principalmente, de la televisión y la telefonía móvil.
Todos sabemos encender un televisor, manejar el mando a distancia, hacer o recibir una llamada o mandar un mensaje por un teléfono móvil: ¿se atrevería nadie a decir que con eso ya estamos suficientemente alfabetizados en esos medios? ¿Quién no sabe oír un programa de radio o leer un periódico en la Red ? Pero, ¿cuántos saben contextualizar debidamente la información que por ellos se transmite y, en consecuencia, evaluarla con un cierto rigor para transformarla en verdadero conocimiento y actuar con sabiduría?
En este sentido, conviene advertir acerca de las diferencias entre información, conocimiento y sabiduría, y la importancia de una auténtica alfabetización digital de la ciudadanía para una sociedad de la información y del conocimiento. Pues si bien la información nos indica qué hacer y el conocimiento cómo hacerlo, la sabiduría nos da claves sobre si debemos o no hacerlo.
Esta dimensión ética adquiere especial relevancia ante la aparición de fenómenos tan novedosos e impredecibles como el de las “multitudes inteligentes” (‘ smart mobs' ) [3]. Éstas emergen y/o surgen cuando un elevado número de personas coordinan sus acciones mediante el uso de Internet y móviles, sin conocerse. Es un fenómeno nuevo que, según el creador del concepto, Howard Rheingold, puede cambiar la faz de la sociedad, permitiendo nuevas formas de activismo político y social. Lo cual no es necesariamente y siempre una buena cosa... pues ya han mostrado que pueden ser al mismo tiempo beneficiosos y destructivos. Algunos la emplean para apoyar la democracia y otros para coordinar ataques terroristas . También esta mezcla del móvil con Internet produce extraños efectos secundarios, como misteriosas aglomeraciones repentinas ya sean en tiendas neoyorquinas ya sea en sedes de partidos políticos en señal de apoyo y/o protesta.
Así pues, manejar esos medios adecuadamente, entender sus lenguajes característicos y su sintaxis para poder evaluarlos de forma cabal, abre un campo importante dentro de la alfabetización digital.
A quién y cómo afecta la AD.
El proceso informacional característico de la sociedad abierta y global del mundo desarrollado afecta directamente a todos sus ciudadanos sin distinción de estatus social, económico y cultural, si bien de distinta manera en cada caso. Es obvio que a mayor nivel cultural los impactos negativos son más fácilmente neutralizables y la capacidad de respuesta e intervención activa aumenta.
Las sociedades desarrolladas son, cada vez más, sociedades de servicios. Y en los servicios lo que cuenta, más que la tradicional “fuerza de trabajo”, es el saber hacer , el conocimiento, la estrategia, la habilidad para situarse oportunamente en un punto crucial de la cadena de generación de la información y del conocimiento.
La alfabetización digital afecta, pues, muy de lleno a todos los ámbitos sociales y muy en particular al del empleo. También afecta plenamente a las nuevas formas de identidad y relación social: imaginar una persona sin periódicos, sin televisión, sin teléfono móvil, sin Internet, es imaginar una especie de anacoreta del siglo XXI. Una cosa rara. ¿”Quién puede vivir así”?, sería la pregunta que mucha gente se haría de forma inmediata.
La parte por el todo.
Es usual que la propaganda mediática reduzca el campo de la alfabetización digital al manejo más o menos hábil de ciertos programas informáticos y a la capacidad de navegar por Internet, prometiendo que esa instrucción simple se convertirá en la llave de todos los éxitos laborales, sociales, personales, etc. Nada más engañoso y lejos de la realidad.
Lo más preocupante, desde nuestro punto de vista, es que muchas veces hasta las propias Administraciones Públicas participan de ese error e incluso fomentan el tópico. [4]
Así, cuando el padre de la familia Alcántara enseña a la abuela a ver las fotos de sus nietos a través de Internet, no está alfabetizando digitalmente a nadie: se trata de una simplificación un tanto ñoña de lo mucho que queda por hacer. Cuando las Administraciones compiten para ver quién compra más ordenadores por alumno en las escuelas públicas, no están trabajando en el desarrollo de la alfabetización digital. Muchas veces, se trata de una ocurrencia oportunista, --muy cara, por cierto--, máxime cuando los aparatos se quedan empaquetados en los pasillos del colegios durante meses (años) porque no hay nadie que sepa instalarlos, y sin que los profesores sepan qué hacer con ellos y/o cómo integrarlos en sus programas de enseñanza .
Siendo necesarios, los aparatos no constituyen la esencia de la alfabetización digital. Como tampoco la definen la enseñanza mecánica de habilidades y destrezas en el manejo de ordenadores.
La parte… dentro del todo.
El adiestramiento en el manejo de las infotecnologías es importante, pero solamente es el primer escalón del proyecto educativo. Además de saber cómo hacer funcionar los aparatos, es preciso atender al cuándo, al porqué y al para qué se debe recurrir a ellos.
Por eso, la alfabetización digital debe estar inmersa en un proceso de educación general y además es absolutamente tributaria de ella. Quien ignore la obra de Cervantes no la va a leer por mucho que disponga de un sistema informático de última generación. Quien desconozca a Schubert –y, además, no le importe desconocerlo- no lo descubrirá por mucho que disponga de acceso a Internet con banda ancha y sea un experto en el manejo de e-Mule. Quien esté ayuno de valores cívicos no los va a buscar en la Red ni los va a encontrar en el disco duro de su de su ordenador. Pretender desarrollar cualquier programa de alfabetización digital desligándolo de la educación general es un perfecto dislate y es empresa abocada al fracaso, aunque también es necesario destacar que hoy es imposible avanzar en la educación general sin una base acreditada de alfabetización digital.
Instrucción vs. Educación.
En la sociedad industrial, la habilidad para manejar maquinaria y la disciplina para participar en el desarrollo de ciertos procesos en cadena (tanto mecánicos como burocráticos), constituían un saber imprescindible para acceder a la mayoría de los empleos. De ahí surgió la necesidad de la instrucción: la capacitación reglada para seguir pautas procedimentales preestablecidas.
Instrucción y educación son dos conceptos diferentes. La instrucción se enmarca dentro de un proceso individual de adiestramiento: conseguir que un individuo adquiera y perfeccione una forma de hacer determinada. La educación, por el contrario, atiende a un proyecto social : se trata de poner a la persona en relación con su entorno y dotarlo de la capacidad necesaria para que lo entienda y pueda desenvolverse dignamente dentro de él y actuar críticamente para mejorarlo.
La mayoría de las propuestas de alfabetización digital –-incluidas las gubernamentales-- se remiten exclusivamente a la simple instrucción en el uso de ordenadores y el acceso a Internet. Se trata de propuestas y enfoques meramente instrumentales. Por eso, sólo ponen el énfasis en ampliar el parque de ordenadores y/o en facilitar cursos para dominar los procedimientos, desentendiéndose de todo lo demás. Eso es necesario, pero no suficiente.
En fiap entendemos que las TIC y el mundo multimedia ofrecen grandes posibilidades de acción y transformación social. Por eso queremos romper con todos aquellos enfoques e iniciativas “instrumentalistas” y apostamos, inequívocamente por que las propuestas y acciones de alfabetización digital, se produzcan siempre en contextos educativos y respondan en todos los casos a los fines últimos de la educación como herramienta de transformación social para crear un mundo mejor.
[1]
Plan de Alfabetización tecnológica y Software libre de Extremadura http://www.nccextremadura.org/
[2]Gutiérrez Martín , Alfonso (2004) : Alfabetización Digital: Algo más que ratones y teclas. Gedisa .
[3] Rheingold, Howard (2004). Multitudes inteligentes. La próxima revolución social ( Smart Mobs ). Gedisa. Barcelona.
[4]
Campaña de comunicación gubernamental en TV “ todos.es”.
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