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Hablar de 'Alfabetización Digital' desde nuestro punto de vista es hablar de la Sociedad del Conocimiento para todas las personas sin ningún tipo de discriminación sea esta de género, territorial, cultural o social. En ese sentido entendemos que dar soluciones a los grandes problemas que atañen a las personas en lo que se refiere a la construcción de la Sociedad del Conocimiento exige una fuerte implicación de la sociedad y de todos sus estamentos.
En fiap partimos, pues, de unos principios básicos:
Las infotecnologías afectan a todas las personas en su quehacer diario, en su trabajo, en sus relaciones, en sus aspiraciones de formación y superación, pero, sobre todo, afectan muy directamente al ejercicio de las libertades cívicas, a la capacidad de elección y decisión social y política.
Las infotecnologías no son, por lo tanto, un lujo superfluo sino un derecho ciudadano universal.
Sus medios e infraestructuras constituyen un bien social cuya expansión y desarrollo no puede depender solamente de las leyes del mercado. El Estado tiene la obligación de garantizar el acceso universal a las mismas a un precio asequible y en las mejores condiciones de calidad y fiabilidad.
La educación pública en el uso de esos medios debe ir, por lo tanto, mucho más allá del mero aprendizaje instrumental de los aparatos y procedimientos.
Los objetivos.
Todos los sistemas de educación son finalistas. Se establecen unos objetivos y en función de ellos se determina la estrategia pedagógica más adecuada, los medios necesarios y, finalmente, los mecanismos de evaluación pertinentes.
La alfabetización digital debe proponerse como fin último dotar a las personas de las herramientas metodológicas y los criterios suficientes para poder utilizar las infotecnologías para obtener, contextualizar, entender y evaluar de forma crítica la información a la que se tiene acceso por los mismos, todo ello con el fin de acrecentar el Conocimiento.
Esto implica que la alfabetización digital debe ser multidimensional y que debe estar incardinada en el proyecto educativo general. "Es necesario que los aprendizajes sobre la tecnología digital y los lenguajes multimedia, la alfabetización digital, se produzca en contextos educativos y responda a los fines últimos de la educación como herramienta de transformación social" (Gutiérrez Martin).
Por ello, y para ser coherentes con las situaciones de la vida real, la alfabetización digital debe tener en cuenta tanto las competencias para poder usar las herramientas tecnológicas adecuadamente, como atender a los fines para los que mejor pueden trabajar.
Es obvio, por lo tanto, que la alfabetización digital trasciende el simple manejo de los ordenadores y de Internet y requiere la capacidad de los usuarios de adquirir una amplia gama de recursos cognitivos para la interpretación y la asimilación correcta de la información.
El proceso de formación.
Educar en el nuevo contexto de forma genérica y tal como planteaba el “Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación en el siglo XXI”, presidida por Jacques Delors, debería centrarse en los siguientes aspectos como elementos básicos curriculares de los alumnos:
Aprender a ser: desarrollar la personalidad para actuar con una cada vez mayor capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal.
Aprender a saber: conocer, compaginar una cultura amplia con la posibilidad de estudiar a fondo algunas materias; y aprender a aprender para poder seguir este proceso a lo largo de toda la vida.
Aprender a hacer: de manera que se puedan afrontar las diversas (y muchas veces imprevisibles) situaciones que se presenten.
Aprender a convivir: a vivir juntos, conociendo y comprendiendo mejor a los demás, al mundo y a las interdependencias que se producen a todos los niveles. También es necesario saber trabajar en equipo.
Las infotecnologías permiten acceder a nuevas formas de enseñanza y conocimiento, a obtener información de fuentes muy diversas y a entrelazar saberes de muy distinto signo.
Permiten también expresarse sin las limitaciones materiales clásicas (tiempo, lugar, etc.) e interactuar con otras personas por lo que no son únicamente una fuente de recepción de información, sino también de difusión. Aportan a la capacidad creativa de cada uno posibilidades hasta ahora inéditas. Explorar ese campo, también es competencia de la alfabetización digital.
Cambio de paradigma.
Las tecnologías de la información pueden ser una excelente ayuda para el aprendizaje pero requieren un cambio de paradigma pedagógico e incluso del propio modelo educativo.
El recurso a las infotecnologías no debiera asentarse en las modas y tendencias que vienen marcadas por el consumismo rampante que nos envuelve, sino en la conveniencia de recurrir a las estrategias de comunicación de los medios para conectarse mejor con los alumnos.
En este sentido, son varias las características básicas necesarias que definen este nuevo paradigma: el aprendizaje en red, síncrono y asíncrono; la preeminencia de la iniciativa personal en la búsqueda de contenidos, el nuevo rol de profesor como líder y facilitador, los cambios en los entornos físicos, etc.
Tecnología y Aprendizaje en Red
Se trata de un modelo de aprendizaje centrado más en el análisis y reflexión de los problemas que en soluciones apriorísticas, en donde los que aprenden no son meros receptores pasivos de datos estáticos, sino participantes activos y constructores de conocimientos que deben resolver problemas y dar soluciones grupales utilizando para ello sus conocimientos previos y los contenidos adquiridos.
Concepción más dinámica del aprendizaje.
Así pues, las TIC y el aprendizaje en red debemos entenderlo como facilitadores de la plasmación efectiva de enfoques pedagógicos y/o metodologías de aprendizaje que desde hace tiempo han demostrado su eficacia en el logro de los objetivos de aprendizaje.
La concepción constructivista del aprendizaje explica de qué manera la persona construye sus propios significados a través de una reconstrucción activa y progresiva de interacción con su medio sociocultural y las personas que lo integran. Cada una de diferente signo, diferentes puntos de partida, diferentes conocimientos. El aprendizaje es un proceso personal en el que intervienen multitud de factores que puede favorecerse teniendo proponiendo diferentes estrategias y personalizando éstas y otras actividades de aprendizaje.
En este sentido, las TIC nos permiten también aprender en las redes colaborativas mucho más que en las aulas tradicionales.
Aprendizaje colaborativo.
Ahora bien, este cambio de paradigma pedagógico nos obliga a "aprender a aprender", priorizando el desarrollo de las competencias necesarias (capacidades, habilidades, actitudes…) que nos permitan un aprendizaje continuo.
El aprendizaje colaborativo rompe, pues, con la estructura clásica de las relaciones propias de las concepciones educativas y/o formativas tradicionales. No se da una relación vertical entre un sujeto poseedor del conocimiento (profesor, instructor...) y el objeto receptor (alumno, pupilo...) sino un diálogo intersubjetivo.
Las tecnologías y el aprendizaje en red devuelven el protagonismo a los que aprenden, potenciando las relaciones entre profesores y alumnos y convirtiendo a todos los participantes a través de esta interacción en red en constructores de conocimientos y facilitadores de aprendizajes significativos.
El rol del profesor/alumno.
Un primer elemento básico que conviene clarificar, a pesar de algunas opiniones en contra, es que, por muy grande que sea el apoyo de las herramientas comunicacionales, la figura y la presencia del profesor continua siendo indispensable en el proceso educativo.
El profesor es un referente fundamental en la formación. Precisamente, una de las diferencias más importantes que existe entre la educación presencial y la teleformación es que en el aula virtual se interrumpe la corriente continua de informaciones no explícitas (retroalimentación o feedback ) entre formadores y alumnos, circunstancia que en el aula física constituye un elemento básico de orientación y apoyo.
No obstante, la gran novedad que propicia la tecnología informacional estriba en los nuevos roles que deben adoptar profesores y alumnos. En el caso del profesor, deberá empeñarse, más que en transmitir información y dar explicaciones acabadas, en convertirse en un facilitador en la búsqueda de información y en la conversión de ésta en conocimiento. En el caso del alumno superar el estadio de receptor pasivo de una información genérica, en muchos casos descontextualizada, para convertirse de manera consciente y comprometida en constructor y agente activo de su propia educación.
En esta nueva situación y respetando la autonomía y la función de cada uno de los sujetos (alumno/profesor) ambos aprenden y enseñan al (del) otro.
De cualquier forma, el reto de cambio es muy profundo. Los cambios estarán no sólo circunscritos a “otra forma de hacer las cosas”, sino también a otra forma de enfocar y considerar el problema (otra visión). Ello exige depurar las metodologías de búsqueda, definir criterios lógicos de discernimiento y evaluación de la información obtenida, desarrollar en los alumnos una amplia base de autonomía responsable.
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